En
defensa de la vida y de la Cristiandad:
Colombia
rechaza totalmente la amenaza
de implantación del aborto
Un llamado a la Honorable Corte Constitucional
El
País se enfrenta a la perspectiva inminente del
fallo sobre la despenalización, en ciertos casos,
del aborto, que ha de ser emitido en breve por la Corte
Constitucional. En esta circunstancia la Sociedad
Colombiana Tradición y Acción juzga
su deber manifestarse de modo categórico contra
esa eventual despenalización, porque ésta
discrepa gravemente, no sólo de la misma Carta,
sino también de la Moral y de la conciencia cristianas,
así como contradice a fondo el bien de la Nación.
En este caso, una vez más, ciertas fuerzas, viendo
que la opinión nacional es totalmente contraria
al aborto y que por tanto juzgaría severamente
a los congresistas si la aprobasen, quieren que la Corte
Constitucional asuma el ingrato papel de abrir camino
a esa práctica criminal, por la vía de una
interpretación arbitraria de la Carta, consagrando
como legal lo que indiscutiblemente ésta prohíbe.
La
meta es la liberalización total del aborto
Los promotores del aborto dicen que se lo debe admitir
en ciertos casos extremos y precisos –violación,
malformación y riesgo de vida para la madre–
pero una regla que hasta hoy no tuvo excepciones en los
países donde ese crimen penetró, es que
su aceptación en esos casos es una brecha, por
la cual, aunque sea pequeña, después penetra
por sucesivas ampliaciones la aceptación total,
de modo que ésta es la amenaza que se cierne ahora
sobre Colombia.
Más aún, varios de los defensores de la
despenalización del aborto en ciertos casos, repiten
sofismas conocidos que tratan de justificarlo en todas
las situaciones, porque es esto lo que en verdad desean:
que la mujer, por ser dueña de su propio cuerpo,
podría disponer a su antojo del hijo aún
no nacido, como si éste fuese parte de aquel; que
sería urgente aprobarlo por causa de los numerosos
embarazos no deseados que se dan actualmente, lo cual
indica que pretenden que se aplique en ellos, y no sólo
cuando haya violación, malformación o riesgo
de vida para la madre; que las normas constitucionales
deberían ser ‘interpretadas según
los tratados internacionales de derechos humanos’,
en vez de que el País los suscriba sólo
cuando sean compatibles con la Carta, como es absolutamente
elemental.
¿Por qué esta incongruencia? Simplemente
porque la ONU organiza y promueve acuerdos internacionales
cuya interpretación varía según el
concepto de “derechos humanos” que esté
en boga, al punto que el Protocolo de la CEDAW (Convención
para la eliminación de todas las formas de discriminación
contra la mujer) incluye al aborto, entre los “derechos
de la mujer”, bajo los nombres de “interrupción
de la gravidez” y de “medio anticonceptivo
de emergencia”.
Silencio
cómplice de los defensores de los Derechos Humanos
Paradójicamente, cuando llegan al auge los alegatos
en pro de los derechos humanos, al punto de que la Constitución
garantiza expresamente varias docenas de ellos, incluso
para los peores criminales, ciertas fuerzas intentan volver
impune y masiva la violación del más básico
de todos los derechos, que es el derecho a la vida; y
no a cualquier persona, sino a las más indefensas
e inocentes de todas ellas, que son los niños por
nacer.
Por décadas, el País sufrió el ataque
sanguinario de la guerrilla, del terrorismo y del narcotráfico,
con decenas de miles de muertos, contra lo cual se oyeron
las más justas y encendidas quejas de los más
variados sectores. Pues bien, cuando esa tragedia empieza
a ser superada por la restauración del orden y
el imperio del Derecho y cuando comienzan a renacer las
esperanzas de normalización nacional, se busca
imponer una infamia mucho mayor, que es el crimen cometido,
no violando la Constitución y las leyes, sino al
amparo de las mismas; no en casos contados, sino en forma
masiva; no de modo clandestino, sino abierto y desafiante;
no por la tramitación de una ley, sino por la interpretación
antojadiza de un texto legal que establece lo contrario.
Siendo un hecho que el derecho a la vida está garantizado
por la Constitución en primer lugar, porque es
el más fundamental, la eventual despenalización
del aborto significaría un enorme descrédito
de las leyes, autoridades e instituciones nacionales.
Y también de todo el orden jurídico, lo
cual a su vez produciría una inevitable desazón
en todos los ambientes, lo cual sólo se podría
remediar con un movimiento nacional de reforma constitucional
que consagre en la Carta, más allá de toda
duda y sofisma, los derechos básicos para la conciencia
cristiana, que esas fuerzas quieren demoler.
Muchos abortistas quieren ver en esta materia una mera
cuestión de “salud pública”,
sin implicaciones religiosas, morales, éticas ni
jurídicas. Al hacerlo, no reconocen algo obvio:
que la aceptación del infanticidio impune practicado
con el consentimiento de sus propios padres implica para
éstos, y en especial para las madres, traumas imborrables
en sus conciencias, justamente por violar de modo gravísimo
el Orden Natural y por atentar mortalmente contra el ser
humano al que dieron vida, traumas ésos que a la
larga tendrán efectos demoledores para sus propias
mentes y en general para sus familias.
En efecto, es evidente el efecto alentador que tiene en
la sociedad la presencia de numerosos niños inocentes,
de familias prolíficas y respetuosas de la Moral
cristiana, de madres y padres sacrificados por el bien
de sus hijos, al mismo tiempo que éstos los respetan,
obedecen y veneran. Con el aborto, todo esto queda amenazado.
Se diría que es esto precisamente que los abortistas
quieren destruir.
Más aún, como ya ha sucedido en varias naciones,
a la aprobación de ese crimen seguirá en
breve una infamia aún mayor, que será la
coacción sobre los médicos, pues se querrá
obligarlos a practicarlo, aunque sea contra sus conciencias,
alegando que sería un “derecho humano”
de la mujer que ésta siempre podría exigir,
y que sería una discriminación intolerable
el negárselo, cualquiera sea el motivo. Por esta
vía, el País se aproximaría a un
clima de persecución religiosa contra aquellos
que desean cumplir a cabalidad con los preceptos del Decálogo.
Con la esperanza que estos argumentos, por estar fundados
en la doctrina moral infalible de la Santa Iglesia y en
los principios del Derecho Natural, sean acogidos por
el alto Tribunal que tiene en sus manos asunto de tanta
trascendencia, la Sociedad Colombiana Tradición
y Acción eleva a la Santísima Virgen,
el pedido filial de que evite a la Patria la vergüenza
de la aceptación del aborto y dé fuerzas
a todos los que quieren preservar la índole cristiana
del País.
Sociedad Colombiana Tradición y Acción