"A los policías nos creían
parte del Gobierno y a él (en manos del conservador
Mariano Ospina Pérez) lo acusaban de haber matado a
Gaitán".
Las acusaciones eran apenas un pálido
reflejo de los profundos odios que para entonces protagonizaban
liberales y conservadores y que a partir de ese momento y
hasta el Frente Nacional - pacto mediante el cual se turnaron
el poder durante 16 años - desangraron al país
en la conocida como época de La Violencia.
Don Iván, hoy con 84 años, recuerda
que ese viernes de abril el director de la Policía
llamaba a todas las estaciones pidiendo refuerzos mientras
caían balas, pero de ninguna le enviaban. Muchos policías
se habían sublevado y otros habían huido por
miedo.
"Un mando que estaba en el Palacio aprovechó
que los empleados civiles estaban saliendo por la puerta de
atrás, encañonó a uno para que le entregara
la ropa, se la puso y se fue. Como a las 4 de la tarde el
director de la Policía me dijo: Correa, haga usted
lo que pueda.
"Yo había ubicado a los 11 agentes
en la terraza. Les había dado la orden de poner los
kepis en los fusiles y, sin asomarse, moverlos alrededor para
que supieran que ahí había gente. Nos decían
que había francotiradores en la Catedral Primada y
por eso los agentes míos disparaban para allá.
Cada vez que un disparo pegaba en una campana, retumbaba el
campanazo".
El entonces teniente, según relata,
estuvo defendiendo el Palacio de la Policía con los
11 agentes hasta pasadas las 6 de la tarde, cuando llegaron
varios cadetes de la Escuela General Santander.
"El bus que los traía tuvo que estacionar como
a 10 metros del Palacio y mientras se bajaban uno de apellido
Moncayo recibió un disparo y murió. A las 10
de la noche llegó el refuerzo más importante,
de Boyacá, donde se decía que estaban los policías
conservadores.
Hoy don Iván reclama que se recuerde
a los que defendieron con él el Palacio de la Policía
con una placa dedicada al "agente desconocido",
porque solo se acuerda del cabo Luis E. Candia.
Pero los 11, dice, evitaron que la turba se tomara el lugar
mientras otros policías se sublevaban o escondían.
En la historia de la Policía el honor fue para los
cadetes de la Escuela General Santander.
Aunque el ex teniente dice que en los días
de 'El Bogotazo' no tenía una actitud política
clara y lo único que lo movió a defender el
Palacio fue el deber, hoy no duda al afirmar que la violencia
para imponer ideas tuvo uno de sus motores en el asesinato
de Gaitán.
Salvado por una cortina
roja
Pero un conservador de ese tiempo y de ahora
como Eduardo Amaya, que sintió lo que se veía
venir desde la Casa de la Moneda, donde era técnico,
se atreve a decir que para el país habría sido
un peligro que Gaitán llegara a la Presidencia, la
que buscaba por el Partido Liberal. "Su grito, ¡a
la carga!, era una invitación peligrosa", afirma.
Él, como muchos en Bogotá, estaba
acabando de almorzar cuando oyó la noticia sobre el
asesinato del hombre que a él le inspiraba desconfianza
"porque manipulaba con su discurso" y que a otros
embrujaba con su verbo.
"Con el administrador de la Casa de la
Moneda nos asomamos a la ventana. Una indigente estaba rompiendo
las vidrieras con un puñal y un policía borracho
vagaba sin rumbo. Fue cuando presagiamos que algo iba a pasar.
"Como a las 4 de la tarde salí
con unos amigos a la carrera cuarta, y como se entendía
que la cosa era contra los conservadores, pasamos por donde
un conocido que tenía una cortina roja, la partimos
en pedacitos y nos los pusimos en la solapa, en el puño
o en el cuello. Lo importante era parecer liberales. Así
nos salvamos y así me salvé porque tenía
que caminar seis cuadras, hasta la calle 18 con carrera 12,
donde era mi casa".
El ex técnico de la Casa de la Moneda
cuenta que se encerró con su familia durante varios
días. "No tuvimos problemas porque teníamos
comida de reserva. Como el 11 salí para acompañar
a un amigo al sur, donde los suegros tenían una tienda.
La gente estaba agolpada afuera y para evitar un asalto tuvimos
que entregar todo lo que había, por lo que quisieran
darnos.
Como crítico de Gaitán que era,
don Eduardo aprovecha para decir que la gente que lo seguía
era de "baja estirpe y usó su muerte como pretexto
para robar, saquear y destruir a Bogotá".
Le cogió pereza a Gaitán, cuenta,
porque "como abogado defendía a gente de mala
calidad. Sacó como un hombre honorable al peor corruptor
de menores que tenía Bogotá, un comerciante
de cueros que tenía almacén en la calle 14 con
12".
Llevaba al pueblo
por las buenas
Rafael Antonio Nieto, un carpintero que para
entonces tenía 21 años, veía en cambio
a Gaitán como el hombre que sabía conquistar
al pueblo. Apenas oyó la noticia de que lo habían
matado salió del taller del norte donde trabajaba hacia
el centro.
"Habían quemado la Gobernación,
que quedaba en la Jiménez, habían prendido los
tranvías, sacaban las cosas de los almacenes.
Los que no saqueábamos gritábamos vivas al Partido
Liberal.
Estuve desde las 2 de la tarde. Cuando eso había pasión
política y Gaitán era un hombre que llevaba
al pueblo a las buenas.
"Como no había transporte había
que echar pata y me fui cuando ya era tarde desde el centro
hasta mi casa, en el 20 de Julio (sur de Bogotá).
Al tercer día, el joven carpintero
de 21 años se atrevió a salir de la casa.
"Fui al Cementerio Central a ver si reconocía
a algunas personas entre los muertos.No vi a ninguno. Había
mujeres embarazadas y cadáveres quemados. No conté
los muertos, pero eran de 50 en adelante", recuerda.
"Un mando encañonó a un civil, le quitó
la ropa, se la puso y huyó... El coronel me dijo: Correa,
haga usted lo que pueda".
Iván Correa, teniente entonces.
"Como abogado Gaitán defendía
a gente de mala calidad. Sacó como un honorable al
peor corruptor de menores de Bogotá".
Eduardo Amaya, conservador.
"Cuando eso había pasión política
y Gaitán era un hombre que sabía cómo
conquistar al pueblo".
Rafael Nieto, gaitanista.
Tres días sin comida estuvieron en el Palacio Presidencial
El presidente, Mariano Ospina Pérez, que regresaba
desde Engativá de una feria agropecuaria, estaba llegando
al Palacio de la Carrera cuando un tumulto comenzó
a atacar con piedras y palos a los cinco integrantes de la
Guardia Presidencial.
Marco Tulio Álvarez, su conductor,
recuerda que entró el carro, un packard negro 1947,
de siete puestos, en un solo tiempo, cuando lo normal era
hacerlo en dos.
Cuenta que ya adentro Ospina fue enterado
por varios generales del asesinato de Gaitán. Los empleados
de Palacio pasaron tres días sin comer acompañando
al Presidente.
"Era muy difícil conseguir alimentos,
así que el único que comía era él",
cuenta Marco Tulio.
La noticia llegó pronto a Estados Unidos,
donde estudiaba ingeniería civil el hijo mayor de Ospina,
también llamado Mariano. Para él fue doble el
impacto.
"En mi radio, que sintonizaba emisoras
de todas partes del mundo, escuché que el cadáver
de mi papá había sido colgado en uno de los
faroles de la Plaza Bolívar", recuerda.
La información fue desmentida horas
más tardes por la emisora de la Base Naval de Cartagena.
Cuentan que la primera dama, Bertha Hernández, se puso
el revólver al cinto por si era necesario "vender
cara su vida".
Y aunque las balas disparadas desde distintos
lados ese día entraban a la oficina del presidente
Ospina, en el segundo piso del Palacio de la Carrera, su esposa
contaba orgullosa que no temblaba ni la pavesa de su cigarrillo.
Fue el día en que Ospina Pérez
dijo aquella famosa frase de que "Más vale un
presidente muerto, que un presidente fugitivo".
"En un momento doña Bertha me
pidió que trajera amigos para que se unieran al batallón
guardia presidencial.
"Yo fui a la dirección de la Policía
a pedir armamento pero el doctor Ospina cambió la orden",
recuerda Marco Tulio.
El Tiempo
9 de Abril de 2008