Recuerdos del día
en que ardio Bogotá


Salvado por una cortina roja
Llevaba al pueblo por las buenas

Recuerdos del día en que ardio Bogotá


Seguidores De Gaitan quemaron Vehiculos, Varios edificios del centor de la ciudad y saquearon almacenes y licorerias....
El 9 de abril desde los relatos de un teniente que defendió el Palacio de la Policía; de un técnico de la Casa de la Moneda, conservador, que aún piensa que Gaitán era un peligro y de un carpintero que bajó al centro para gritar vivas al Partido Liberal cuando lo mataron.

Solo dos agentes que atendían los teléfonos, recuerda el entonces teniente Iván Correa Velázquez, acompañaban al director de la Policía, coronel Virgilio Barco, cuando él, con 11 voluntarios,, llegó ese viernes 9 de abril de 1948 al Palacio de la institución para defenderlo de la multitud que desbocada protestaba por el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán.
Eran como las 2 de la tarde. Había transcurrido casi una hora desde que Juan Roa Sierra -un enfermo mental para unos, y un hombre pagado por alguien interesado en la muerte del caudillo liberal, para otros- le había disparado cuando salía de su oficina de la Séptima, entre la calle 14 y la avenida Jiménez.

"La estación en la que yo trabajaba quedaba en la carrera Séptima con calle octava.De ahí para el Palacio de la Policía, que quedaba en la calle novena con carrera novena, tuvimos que salir por la puerta falsa porque la Séptima estaba llena. Cogimos la carrera sexta y al trote bajamos".


Enfurecidos arrastraron por la carrera 7a. al asesino, que había sido detenido por la misma gente.
"Disparaban para todos lados, rompían vidrios y saqueaba ferreterías para armarse con martillos, machetes y lo que hubiera. Ya habían dejado el cadáver de Roa Sierra junto al Palacio Presidencial.

"A los policías nos creían parte del Gobierno y a él (en manos del conservador Mariano Ospina Pérez) lo acusaban de haber matado a Gaitán".

Las acusaciones eran apenas un pálido reflejo de los profundos odios que para entonces protagonizaban liberales y conservadores y que a partir de ese momento y hasta el Frente Nacional - pacto mediante el cual se turnaron el poder durante 16 años - desangraron al país en la conocida como época de La Violencia.

Don Iván, hoy con 84 años, recuerda que ese viernes de abril el director de la Policía llamaba a todas las estaciones pidiendo refuerzos mientras caían balas, pero de ninguna le enviaban. Muchos policías se habían sublevado y otros habían huido por miedo.

"Un mando que estaba en el Palacio aprovechó que los empleados civiles estaban saliendo por la puerta de atrás, encañonó a uno para que le entregara la ropa, se la puso y se fue. Como a las 4 de la tarde el director de la Policía me dijo: Correa, haga usted lo que pueda.

"Yo había ubicado a los 11 agentes en la terraza. Les había dado la orden de poner los kepis en los fusiles y, sin asomarse, moverlos alrededor para que supieran que ahí había gente. Nos decían que había francotiradores en la Catedral Primada y por eso los agentes míos disparaban para allá. Cada vez que un disparo pegaba en una campana, retumbaba el campanazo".

El entonces teniente, según relata, estuvo defendiendo el Palacio de la Policía con los 11 agentes hasta pasadas las 6 de la tarde, cuando llegaron varios cadetes de la Escuela General Santander.
"El bus que los traía tuvo que estacionar como a 10 metros del Palacio y mientras se bajaban uno de apellido Moncayo recibió un disparo y murió. A las 10 de la noche llegó el refuerzo más importante, de Boyacá, donde se decía que estaban los policías conservadores.

Hoy don Iván reclama que se recuerde a los que defendieron con él el Palacio de la Policía con una placa dedicada al "agente desconocido", porque solo se acuerda del cabo Luis E. Candia.
Pero los 11, dice, evitaron que la turba se tomara el lugar mientras otros policías se sublevaban o escondían. En la historia de la Policía el honor fue para los cadetes de la Escuela General Santander.

Aunque el ex teniente dice que en los días de 'El Bogotazo' no tenía una actitud política clara y lo único que lo movió a defender el Palacio fue el deber, hoy no duda al afirmar que la violencia para imponer ideas tuvo uno de sus motores en el asesinato de Gaitán.

Salvado por una cortina roja

Pero un conservador de ese tiempo y de ahora como Eduardo Amaya, que sintió lo que se veía venir desde la Casa de la Moneda, donde era técnico, se atreve a decir que para el país habría sido un peligro que Gaitán llegara a la Presidencia, la que buscaba por el Partido Liberal. "Su grito, ¡a la carga!, era una invitación peligrosa", afirma.

Él, como muchos en Bogotá, estaba acabando de almorzar cuando oyó la noticia sobre el asesinato del hombre que a él le inspiraba desconfianza "porque manipulaba con su discurso" y que a otros embrujaba con su verbo.

"Con el administrador de la Casa de la Moneda nos asomamos a la ventana. Una indigente estaba rompiendo las vidrieras con un puñal y un policía borracho vagaba sin rumbo. Fue cuando presagiamos que algo iba a pasar.

"Como a las 4 de la tarde salí con unos amigos a la carrera cuarta, y como se entendía que la cosa era contra los conservadores, pasamos por donde un conocido que tenía una cortina roja, la partimos en pedacitos y nos los pusimos en la solapa, en el puño o en el cuello. Lo importante era parecer liberales. Así nos salvamos y así me salvé porque tenía que caminar seis cuadras, hasta la calle 18 con carrera 12, donde era mi casa".

El ex técnico de la Casa de la Moneda cuenta que se encerró con su familia durante varios días. "No tuvimos problemas porque teníamos comida de reserva. Como el 11 salí para acompañar a un amigo al sur, donde los suegros tenían una tienda. La gente estaba agolpada afuera y para evitar un asalto tuvimos que entregar todo lo que había, por lo que quisieran darnos.

Como crítico de Gaitán que era, don Eduardo aprovecha para decir que la gente que lo seguía era de "baja estirpe y usó su muerte como pretexto para robar, saquear y destruir a Bogotá".

Le cogió pereza a Gaitán, cuenta, porque "como abogado defendía a gente de mala calidad. Sacó como un hombre honorable al peor corruptor de menores que tenía Bogotá, un comerciante de cueros que tenía almacén en la calle 14 con 12".

Llevaba al pueblo por las buenas

Rafael Antonio Nieto, un carpintero que para entonces tenía 21 años, veía en cambio a Gaitán como el hombre que sabía conquistar al pueblo. Apenas oyó la noticia de que lo habían matado salió del taller del norte donde trabajaba hacia el centro.

"Habían quemado la Gobernación, que quedaba en la Jiménez, habían prendido los tranvías, sacaban las cosas de los almacenes.
Los que no saqueábamos gritábamos vivas al Partido Liberal.
Estuve desde las 2 de la tarde. Cuando eso había pasión política y Gaitán era un hombre que llevaba al pueblo a las buenas.

"Como no había transporte había que echar pata y me fui cuando ya era tarde desde el centro hasta mi casa, en el 20 de Julio (sur de Bogotá).

Al tercer día, el joven carpintero de 21 años se atrevió a salir de la casa.

"Fui al Cementerio Central a ver si reconocía a algunas personas entre los muertos.No vi a ninguno. Había mujeres embarazadas y cadáveres quemados. No conté los muertos, pero eran de 50 en adelante", recuerda.
"Un mando encañonó a un civil, le quitó la ropa, se la puso y huyó... El coronel me dijo: Correa, haga usted lo que pueda".
Iván Correa, teniente entonces.

"Como abogado Gaitán defendía a gente de mala calidad. Sacó como un honorable al peor corruptor de menores de Bogotá".
Eduardo Amaya, conservador.
"Cuando eso había pasión política y Gaitán era un hombre que sabía cómo conquistar al pueblo".
Rafael Nieto, gaitanista.
Tres días sin comida estuvieron en el Palacio Presidencial
El presidente, Mariano Ospina Pérez, que regresaba desde Engativá de una feria agropecuaria, estaba llegando al Palacio de la Carrera cuando un tumulto comenzó a atacar con piedras y palos a los cinco integrantes de la Guardia Presidencial.

Marco Tulio Álvarez, su conductor, recuerda que entró el carro, un packard negro 1947, de siete puestos, en un solo tiempo, cuando lo normal era hacerlo en dos.

Cuenta que ya adentro Ospina fue enterado por varios generales del asesinato de Gaitán. Los empleados de Palacio pasaron tres días sin comer acompañando al Presidente.

"Era muy difícil conseguir alimentos, así que el único que comía era él", cuenta Marco Tulio.

La noticia llegó pronto a Estados Unidos, donde estudiaba ingeniería civil el hijo mayor de Ospina, también llamado Mariano. Para él fue doble el impacto.

"En mi radio, que sintonizaba emisoras de todas partes del mundo, escuché que el cadáver de mi papá había sido colgado en uno de los faroles de la Plaza Bolívar", recuerda.

La información fue desmentida horas más tardes por la emisora de la Base Naval de Cartagena. Cuentan que la primera dama, Bertha Hernández, se puso el revólver al cinto por si era necesario "vender cara su vida".

Y aunque las balas disparadas desde distintos lados ese día entraban a la oficina del presidente Ospina, en el segundo piso del Palacio de la Carrera, su esposa contaba orgullosa que no temblaba ni la pavesa de su cigarrillo.

Fue el día en que Ospina Pérez dijo aquella famosa frase de que "Más vale un presidente muerto, que un presidente fugitivo".

"En un momento doña Bertha me pidió que trajera amigos para que se unieran al batallón guardia presidencial.

"Yo fui a la dirección de la Policía a pedir armamento pero el doctor Ospina cambió la orden", recuerda Marco Tulio.


El Tiempo
9 de Abril de 2008