Ante la proximidad
del fallo sobre la reelección
presidencial


Tradición y Acción
Sociedad Colombiana Tradición y Acción
Ante la proximidad del fallo sobre la reelección presidencial:

Que la sentencia de la Corte Constitucional no frustre
las justas aspiraciones del pueblo colombiano

En los próximos días, la Corte Constitucional debe reunirse en sesión plenaria para decidir en Derecho sobre la reforma a la Carta aprobada por el Congreso en la pasada legislatura. Se trata de la reelección presidencial, un tema que ha generado no pocas polémicas entre sus defensores y detractores, y que es de la mayor trascendencia para el futuro de nuestra Patria

La Sociedad Colombiana Tradición y Acción, como entidad cívica inspirada en la doctrina católica, que ha analizado atentamente todo el proceso socio-político de Colombia en los últimos 30 años - primero como Tradición, Familia y Propiedad -TFP, y ahora como Tradición y Acción - no puede dejar pasar este momento histórico sin hacer un pronunciamiento público.

Colombia vivió dos décadas de caos

A partir de los años 80, Colombia se vino convirtiendo en uno de los paradigmas mundiales del caos. La guerrilla marxista y el narcotráfico, en una guerra sin cuartel contra la sociedad y el Estado, demolieron el orden jurídico, haciendo de nuestro País uno de los más violentos y peligrosos del mundo. Incontables ciudadanos honestos y trabajadores fueron masacrados literalmente por hordas asesinas, con decenas de miles de muertes por año.

Centenas de pequeñas poblaciones fueron arrasadas por la acción de esos grupos criminales. El secuestro alcanzó niveles escandalosos, de más de 2.000 víctimas por año. La extorsión se apoderó de los campos y de las ciudades, al punto de que incontables ciudadanos honestos tuvieron que esconderse o irse al exterior, mientras bandidos y asesinos campeaban desafiantes por todas partes, protegidos por la política de los gobiernos de turno, en de otorgarles todo tipo de benevolencias, prebendas y concesiones.

Claudicando ante el crimen no se consigue la paz

¿Cómo pudo ocurrir todo esto, a la vista de todo el País, sin que nadie lo impidiese? -Ése es uno de los grandes interrogantes que la Historia deberá responder. Durante dos décadas, muchos de nuestros dirigentes políticos prefirieron claudicar ante los agresores, en vez de enfrentarlos de acuerdo con la Ley. Se entregó todo ante las amenazas de los subversivos, alegando que así se obtendría la paz. Y a cada día que transcurría, la paz estaba más lejana, y la extorsión y el crimen dominando en todos los ambientes de la Nación.

La sangre de muchos inocentes se derramó a raudales, demostrando que la paz no se obtiene claudicando ante los criminales, sino luchando con heroísmo en la defensa de los principios e instituciones amenazados. Obispos, magistrados, jueces, ministros, gobernadores, alcaldes, generales y candidatos presidenciales cayeron abatidos por causa del error de que claudicar apacigua a los violentos. Pero, a pesar de las evidencias, quienes tenían los cargos de más responsabilidad continuaban imponiendo la opinión pública sus capitulaciones, haciendo lo imposible para que continuase el proceso de demolición de la nación colombiana.


Una advertencia profética

En noviembre de 1.982, cuando comenzaba el carrusel de capitulaciones, un documento anunció lo que habría de venir. La Sociedad Colombiana de Defensa de la Tradición, Familia y Propiedad - TFP - entidad que ya no existe y de algunos de cuyos integrantes nació Tradición y Acción - publicó un Manifiesto en 9 de los principales diarios del País: "Amnistía a los guerrilleros: ¿Medida de pacificación? ¿O transferencia de la guerrilla del fondo de las selvas al corazón de las ciudades?" (Cfr. El Tiempo, Nov 9 de 1.982). Ese análisis, poco escuchado en su momento, fue una denuncia profética de lo que sucedería durante los 20 años siguientes, si el País no reaccionaba contra el proceso de falsa pacificación que lo llevaba al desastre.

Cuando los pertinaces disparates de los claudicantes llegaron al extremo de entregar a la subversión partes importantes de nuestro territorio, comenzó finalmente una reacción vigorosa y salvadora. La opinión pública se saturó de tantas mentiras, sofismas y crímenes, y la censura contra todos aquellos que propiciaron la entrega de Colombia a los grupos ilegales, se tornó implacable.

Esa sana reacción llevó al Dr. Álvaro Uribe a la Presidencia, y una vez en el Poder, su combate frontal a todos estos males le cambió por completo la cara a nuestra Patria. Hoy, después de tres años de gobierno, los papeles se han invertido. Los bandidos volvieron a las selvas o se fueron del País, y tienen que mantenerse escondidos y prófugos para no ser capturados o muertos; y los colombianos honestos ya pueden salir a los campos, a las carreteras, moverse y trabajar libremente, dentro de un proceso de recuperación notable que apenas comienza, en el cual todavía falta mucho camino por recorrer.


Apoyo o rechazo a un clamor nacional

Entonces, lo que está en juego con la decisión que debe tomar en los próximos días la Corte Constitucional, no es sólo que el pueblo colombiano pueda o no elegir de nuevo al actual Presidente por otros 4 años. Se decide también algo mucho más trascendental: si se reconoce la transformación profunda de nuestra Patria, que exige a los gobernantes, a los líderes espirituales, a las autoridades civiles y militares, a la Policía y a los organismos de seguridad, a los jueces y magistrados, a los congresistas, diputados y concejales, y a todos aquellos que tienen en sus manos los destinos de la Nación, una actitud firme, intrépida y sin claudicaciones, frente a las minorías criminales que nos impusieron el caos durante 20 años.

Nadie puede negar que esa lucha, en el plano político, fue asumida por el Presidente de la República, y es ésa la razón por la cual goza de tan altos índices de popularidad. Él obtuvo resultados notables para recuperar la confianza de la población, sin la cual una nación no progresa, sino se empobrece, arruinando las fuentes de empleo y bienestar para el País. Truncar esa obra en la mitad del camino, cuando la inmensa mayoría de los colombianos la respalda con vigor y entusiasmo, equivale a decapitar las aspiraciones más profundas de Colombia y a recomenzar el funesto proceso de demolición nacional.

Ésa es la razón por la cual, entre quienes rechazan la reelección presidencial están muchos de los que fueron indolentes o cómplices cuando la Patria estaba siendo destruida. Por ello, invitamos públicamente a la reflexión, esperando que la Corte Constitucional sepa interpretar las más legítimas y nobles aspiraciones del pueblo colombiano, al momento de tomar una decisión de tanta trascendencia.

La opinión pública no podrá ser acallada en un asunto de esta importancia, pues todas las encuestas que auscultaron el sentir de Colombia indican que desea de modo categórico la reelección, precisamente porque ansía la verdadera pacificación, con base en el imperio de la Moral y del Derecho. Esto no debe ser ignorado por la Honorable Corte Constitucional, pues hacerlo desvirtuaría la esencia misma de nuestras instituciones y relanzaría al País al abismo.

Como católicos, imploramos la intercesión del Sagrado Corazón de Jesús, a Quien nuestra Patria estuvo consagrada durante casi todo un siglo, que ilumine con su Sabiduría y Prudencia a quienes tienen en sus manos un asunto de tanta importancia. De la respuesta que ellos emitan próximamente depende que en Colombia se siga restaurando la vigencia de los principios de la civilización cristiana, o que de nuevo sea subyugada por los adictos al crimen, gracias a la indolencia de numerosos hombres públicos.

 

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