El volcán Galeras


DE NUEVO EL VOLCÁN GALERAS...


Stanley Williams (de pie, segundo de izquierda a derecha)
soportó la violenta erupción del Galeras en 1993.

Si la memoria no falla fue en diciembre de 1992 cuando el volcán Galeras entró en actividad.

Conservo todavía algunas fotografías en especial una que circuló en aquellos dramáticos días en algunos lugares de Pasto. La lava del volcán asemejaba o formaba el rostro o la silueta de la Santísima Virgen y el Niño.

No es de extrañar en una población católica y creyente, pues fue de todos conocido y trasmitido por TV a todo el país la angustia de los pobladores de San Juan de Dios de Pasto ante las erupciones del volcán.

Pocas cosas más serias que los volcanes y más aún cuando entran en erupción.
Aquel día en que la incertidumbre llegaba a su clímax y que la población nariñense comenzaba a recordar su pasado y a volver los ojos a la Patrona de la ciudad, que tantas veces manifestara su protección, ya desde la época de la colonia y de las guerras que por ocasión de la independencia que tan duramente azotaron estas regiones.

Sí, era la Virgen de Las Mercedes que se venera en la Iglesia del mismo nombre en el centro de la ciudad que magníficamente vestida fue sacada en solemne procesión por las calles de la ciudad llegando a ser tal la ovación que desde las casas, los balcones, los edificios de las calles por donde pasaba se escuchaban vivas y aplausos a la Santísima Virgen.

Poco después, para creyentes y no, el volcán Galeras comenzaba a aplacar sus llamas.

Es natural también que los incrédulos tuvieran versiones que no conseguían justificar lógicamente de estos hechos extraordinarios y milagrosos.

Mas que los incrédulos, los pragmáticos, los pensadores liberales, los ateos prácticos o de doctrina, los diferentes materialistas y para decirlo de una vez, los enemigos de la fe, necesitaban justificar a su manera estos hechos prodigiosos en pleno fin del siglo XX.

Apoyaron ellos y los medios de comunicación una comisión de técnicos que dieran una justificación diferente y “científica” y que fuera más convincente de lo que por esa misma época llamaron “fenómeno del Niño” para analizar atea o paganamente las inclemencias de la naturaleza.

Pero en los sucesos de Pasto, les era necesario buscar alguna razón a lo que ellos veían como sin razón, o sea, la fe de todo un pueblo alegremente manifiesta en medio de la incertidumbre.

Nada mejor para tales espíritus que vinieran sabios de diferentes países y de los mas variados confines para justificar el hecho como meramente natural y nada sobrenatural.

Veamos la noticia que acaba de aparecer el pasado 23 de agosto de 2004 que dará muchas conclusiones a respecto de esta misión de científicos,

El pueblo de Pasto es testigo de estos hechos como lo es el técnico que ocasionó el artículo que reproducimos como recuerdo de este desastre que ha quedado así para la historia.

En estos días nuevamente el; volcán Galeras se está reactivando.
Participemos de las oraciones a la Virgen de las Mercedes.


TESTIMONIO / SECUELAS DE UN DESASTRE NATURAL
El sobreviviente del Galeras


Era jueves y el Galeras parecía tranquilo. Motivado por el reporte de normalidad sismográfica del centro de vulcanología de Pasto, el geólogo Stanley Williams condujo a otros 12 científicos hasta la cima, para estudiar gases, piedras y otros materiales.

El estadounidense conocía bien el terreno, pues había estado allí varias veces desde que la Gobernación lo invitó como vulcanólogo, cinco años atrás, ante sospechas de que el gigante quería salir de su letargo.

Hacia las 9:30 a.m. del 14 de enero de 1993, los expertos descendieron por el cráter principal en busca de fumarolas. Varios hacían parte del programa para mejorar la vigilancia de los volcanes activos, creado por la ONU tras la avalancha que arrasó Armero.

A la 1:43 p.m., cuando les faltaban 50 metros para regresar a la superficie, un estruendo como el de la turbina de un jet subió por el edificio volcánico, estremeciéndolo y disparando una ráfaga de rocas incandescentes de hasta medio metro de diámetro

Nueve personas murieron por la erupción, que se prolongó cinco minutos. Stanley Williams apenas sobrevivió a severas quemaduras, una pierna destruida y una lesión craneal que le hizo perder un trozo de cerebro tan grande como la pepa de un durazno. Como alguna vez se lo dijo su ex esposa, parte de él murió en el Galeras.

Vivir es morir un poco

“Sobrevivir trajo cosas muy tristes –afirma Williams–. Lynda y yo nos divorciamos por ese evento, que causó cambios en mí que solo ella podría describir: depresión, ira, confusión... Sobrevivir es apenas el comienzo de una nueva vida con muchos problemas”.

Aunque admite que sus pensamientos y recuerdos no son tan claros como antes del accidente, el vulcanólogo no olvida el día de su tragedia ni los nombres de quienes lo acompañaban. Incluso se asoció con el periodista Fen Montaigne (National Geographic Magazine) para escribir Surviving Galeras (Sobreviviendo al Galeras), libro publicado hace tres años, en el que revive su historia.

Williams asegura que no le molesta que a la gente le generen tanta curiosidad los sobrevivientes de eventos extraordinarios, como catástrofes naturales y siniestros aéreos. En su caso, dice, el morbo podría hacer que muchas personas no interesadas en la vulcanología se acerquen a su obra.

Sin embargo, lo aflige que las personas que se salvan de accidentes menos espectaculares, como caerse de una cicla o estrellarse en un carro, no reciban la misma atención. “Sus vidas se han lastimado tanto como la mía –explica–, pero yo me he vuelto famoso solamente porque mis lesiones ocurrieron en un escenario inusual”.

Al final, la pasión por los volcanes pudo más que el miedo, pues visitó el Popocatépetl (México) pocos meses después de su accidente en el Galeras, al que regresó en agosto de 1994 y a cuyo cráter ha entrado más de una vez después de ese jueves que le cambió la vida.

“No creo que les tema a los volcanes más que antes, pero ahora soy consciente de cuán mortales pueden ser las pequeñas erupciones”, dice este hombre que ha visitado cerca de 125 de estas montañas en 25 países.

Stanley Williams sigue viviendo y enseñando en Arizona (Estados Unidos), donde los estudiosos

Archivo particular

Lo valoran por sus ‘biografías’ vulcanológicas y donde los curiosos compran su libro para saber qué se siente ser atropellado por una de las fuerzas más poderosas de la naturaleza.

Quizá el menos sorprendido con toda esta aventura sea él, quien antepone su racionalidad científica a la tentación mística que encierran eventos como el de hace 11 años: “Mucha gente cree que sobreviví por una razón especial. No es verdad, fue solo cuestión de suerte”.


Bernardo Bejarano Gonzalez
Redactor EL TIEMPO