Pocas
cosas más serias que los volcanes y más aún
cuando entran en erupción.
Aquel día en que la incertidumbre llegaba a su clímax
y que la población nariñense comenzaba a recordar
su pasado y a volver los ojos a la Patrona de la ciudad, que
tantas veces manifestara su protección, ya desde la
época de la colonia y de las guerras que por ocasión
de la independencia que tan duramente azotaron estas regiones.
Sí,
era la Virgen de Las Mercedes que se venera en la Iglesia
del mismo nombre en el centro de la ciudad que magníficamente
vestida fue sacada en solemne procesión por las calles
de la ciudad llegando a ser tal la ovación que desde
las casas, los balcones, los edificios de las calles por donde
pasaba se escuchaban vivas y aplausos a la Santísima
Virgen.
Poco después, para creyentes y no, el volcán
Galeras comenzaba a aplacar sus llamas.
Es natural también que los incrédulos tuvieran
versiones que no conseguían justificar lógicamente
de estos hechos extraordinarios y milagrosos.
Mas que los incrédulos, los pragmáticos, los
pensadores liberales, los ateos prácticos o de doctrina,
los diferentes materialistas y para decirlo de una vez, los
enemigos de la fe, necesitaban justificar a su manera estos
hechos prodigiosos en pleno fin del siglo XX.
Apoyaron
ellos y los medios de comunicación una comisión
de técnicos que dieran una justificación diferente
y “científica” y que fuera más convincente
de lo que por esa misma época llamaron “fenómeno
del Niño” para analizar atea o paganamente las
inclemencias de la naturaleza.
Pero en los sucesos de Pasto, les era necesario buscar alguna
razón a lo que ellos veían como sin razón,
o sea, la fe de todo un pueblo alegremente manifiesta en medio
de la incertidumbre.
Nada mejor para tales espíritus que vinieran sabios
de diferentes países y de los mas variados confines
para justificar el hecho como meramente natural y nada sobrenatural.
Veamos la noticia que acaba de aparecer el pasado 23 de agosto
de 2004 que dará muchas conclusiones a respecto de
esta misión de científicos,
El pueblo de Pasto es testigo de estos hechos como lo es el
técnico que ocasionó el artículo que
reproducimos como recuerdo de este desastre que ha quedado
así para la historia.
En estos días nuevamente el; volcán Galeras
se está reactivando.
Participemos de las oraciones a la Virgen de las Mercedes.
TESTIMONIO
/ SECUELAS DE UN
DESASTRE NATURAL
El sobreviviente del Galeras
Era jueves y el Galeras parecía tranquilo. Motivado
por el reporte de normalidad sismográfica del centro
de vulcanología de Pasto, el geólogo Stanley
Williams condujo a otros 12 científicos hasta la cima,
para estudiar gases, piedras y otros materiales.
El estadounidense conocía bien el terreno, pues había
estado allí varias veces desde que la Gobernación
lo invitó como vulcanólogo, cinco años
atrás, ante sospechas de que el gigante quería
salir de su letargo.
Hacia las 9:30 a.m. del 14 de enero de 1993, los expertos
descendieron por el cráter principal en busca de fumarolas.
Varios hacían parte del programa para mejorar la vigilancia
de los volcanes activos, creado por la ONU tras la avalancha
que arrasó Armero.
A la 1:43 p.m., cuando les faltaban 50 metros para regresar
a la superficie, un estruendo como el de la turbina de un
jet subió por el edificio volcánico, estremeciéndolo
y disparando una ráfaga de rocas incandescentes de
hasta medio metro de diámetro
Nueve personas murieron por la erupción, que se prolongó
cinco minutos. Stanley Williams apenas sobrevivió a
severas quemaduras, una pierna destruida y una lesión
craneal que le hizo perder un trozo de cerebro tan grande
como la pepa de un durazno. Como alguna vez se lo dijo su
ex esposa, parte de él murió en el Galeras.
Vivir es morir un poco
“Sobrevivir trajo cosas muy tristes –afirma Williams–.
Lynda y yo nos divorciamos por ese evento, que causó
cambios en mí que solo ella podría describir:
depresión, ira, confusión... Sobrevivir es apenas
el comienzo de una nueva vida con muchos problemas”.
Aunque admite que sus pensamientos y recuerdos no son tan
claros como antes del accidente, el vulcanólogo no
olvida el día de su tragedia ni los nombres de quienes
lo acompañaban. Incluso se asoció con el periodista
Fen Montaigne (National Geographic Magazine) para escribir
Surviving Galeras (Sobreviviendo al Galeras), libro publicado
hace tres años, en el que revive su historia.
Williams asegura que no le molesta que a la gente le generen
tanta curiosidad los sobrevivientes de eventos extraordinarios,
como catástrofes naturales y siniestros aéreos.
En su caso, dice, el morbo podría hacer que muchas
personas no interesadas en la vulcanología se acerquen
a su obra.
Sin embargo, lo aflige que las personas que se salvan de accidentes
menos espectaculares, como caerse de una cicla o estrellarse
en un carro, no reciban la misma atención. “Sus
vidas se han lastimado tanto como la mía –explica–,
pero yo me he vuelto famoso solamente porque mis lesiones
ocurrieron en un escenario inusual”.
Al final, la pasión por los volcanes pudo más
que el miedo, pues visitó el Popocatépetl (México)
pocos meses después de su accidente en el Galeras,
al que regresó en agosto de 1994 y a cuyo cráter
ha entrado más de una vez después de ese jueves
que le cambió la vida.
“No creo que les tema a los volcanes más que
antes, pero ahora soy consciente de cuán mortales pueden
ser las pequeñas erupciones”, dice este hombre
que ha visitado cerca de 125 de estas montañas en 25
países.
Stanley Williams sigue viviendo y enseñando en Arizona
(Estados Unidos), donde los estudiosos
Archivo particular
Lo valoran por sus ‘biografías’ vulcanológicas
y donde los curiosos compran su libro para saber qué
se siente ser atropellado por una de las fuerzas más
poderosas de la naturaleza.
Quizá el menos sorprendido con toda esta aventura sea
él, quien antepone su racionalidad científica
a la tentación mística que encierran eventos
como el de hace 11 años: “Mucha gente cree que
sobreviví por una razón especial. No es verdad,
fue solo cuestión de suerte”.
Bernardo Bejarano Gonzalez
Redactor EL TIEMPO
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