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Por Ricardo Arias *
Monseñor
Builes, se lamentaba, a finales de la década de los años
1920, de que "las carreteras y ferrocarriles que cruzaban sus
diócesis (Santa Rosa de Osos), aunque representaban progreso
material, hacían sufrir 'un espantoso retroceso espiritual':
la mayoría de obreros que trabajaban en las carreteras eran
víctimas del ambiente; se olvidaban de Dios y de los días
santos, se dedicaban al baile, juego, licores, fornicación,
adulterio, pensamiento lúbricos, etc.
Para
evitar que el "renacimiento pagano" se seguirá
infiltrando "en las costumbres, en las instituciones, en la
literatura, en las artes y hasta en las relaciones sociales",
ocasionando de esta manera " la indiferencia religiosa o, lo
que es lo mismo, el alejamiento de los verdaderos intereses espirituales
y de las cosas de Dios" (CEC, 1933, pp. 401-402), el episcopado
despliega una campaña moral, ampliamente difundida por todo
el país desde el púlpito y a través de diferentes
medios de comunicación contra la celebración de "fiestas
profanas" y "pecaminosas" que coincidan con las "solemnidades
religiosas", pues "las embriagueces y desórdenes"
que abundan en esas fiestas echan a perder el sentido de las festividades
católicas (CEC, 1953,p.196), contra el "cine malo",
que al exaltar "los vicios y pecados contra cualquiera de los
diez mandamientos", es "causa de tantos desastres sociales"
(CEC,1948, p.136); contra la "mala prensa, ya impía,
ya inmoral" que, como "frente envenenada", atenta
contra "la religión católica y las buenas costumbres",
propagando el "llamado volterianismo", el comunismo, así
como todo tipo de ideas subversivas y obscenas (CEC, 1948,pp. 285-288).
La
Pastoral de 1927 ilustra muy claramente el estado de ánimo
del clero ante el clima de "relajamiento" moral que se
propaga en ese entonces por toda la sociedad: "... no podemos
ocultaros los temores que abrigan nuestros corazones de que nuestra
sociedad vaya poco a poco retrocediendo al paganismo. Mirad si no
cómo la cenagosa o la de sensualidad va invadiendo hasta
los hogares cristianos, en muchos de los cuales ya no se habla sino
de fiestas mundanas, de diversiones frívolas y peligrosas,
y no se piensa sino en el placer, la vanidad y el lujo. Mirad cómo
la pagana costumbre, antes desconocida entre nosotros, de los carnavales,
va invadiendo ciudades populosas y aparatados pueblos, dando ocasión
a escándalos sin número y a vergonzosos excesos que
se convierten muchas veces en públicas orgías.
Mirad
cómo la mujer se va olvidando de su alto oficio de reina
del hogar, y despojándose de la pudorosa dignidad con que
la que rodeó la ley de Cristo se convierte, con la inmodestia
de sus vestidos, de sus palabras y de sus modales, en aliciente
de las más bajas pasiones. Mirad cómo cunde por doquier,
pero especialmente entre las altas clases de la sociedad, el ansia
de riquezas, que lleva a los individuos a olvidarse de todo noble
ideal y a prosternarse ante el becerro de oro. Mirad cómo,
so capa de interés por la clase que llaman proletaria, hombres
sin fe y enemigos del trabajo honrado se dan a la tarea de engañar
a los obreros con falsas promesas para arrebatarles su fe y someterlos
mejor a sus planes egoístas y bastardos" (CEC, 1927,
p.377).
Para
frenar esta "decadencia moral", de comités de censura
que, con "criterio cristiano", se encarguen de velar,
con el apoyo del gobierno, por las buenas costumbres. Dentro de
ese contexto en el que las costumbres tienden a "degradarse",
la mujer también es objeto de particular atención
por parte del clero.
Tomado de Tiempos del Mundo.
Abril de 2000
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