El papel de la
Iglesia en colombia
 

Una Visión sobre el Papel de la Iglesia en Colombia

Las transformaciones sociales en las costumbres y en la moral a comienzos de los años veinte no tomaron desprevenida a la jerarquía católica. En este análisis, cómo se enfrentó la pérdida de la ética religiosa en el país.
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Por Ricardo Arias *

Monseñor Builes, se lamentaba, a finales de la década de los años 1920, de que "las carreteras y ferrocarriles que cruzaban sus diócesis (Santa Rosa de Osos), aunque representaban progreso material, hacían sufrir 'un espantoso retroceso espiritual': la mayoría de obreros que trabajaban en las carreteras eran víctimas del ambiente; se olvidaban de Dios y de los días santos, se dedicaban al baile, juego, licores, fornicación, adulterio, pensamiento lúbricos, etc.

Para evitar que el "renacimiento pagano" se seguirá infiltrando "en las costumbres, en las instituciones, en la literatura, en las artes y hasta en las relaciones sociales", ocasionando de esta manera " la indiferencia religiosa o, lo que es lo mismo, el alejamiento de los verdaderos intereses espirituales y de las cosas de Dios" (CEC, 1933, pp. 401-402), el episcopado despliega una campaña moral, ampliamente difundida por todo el país desde el púlpito y a través de diferentes medios de comunicación contra la celebración de "fiestas profanas" y "pecaminosas" que coincidan con las "solemnidades religiosas", pues "las embriagueces y desórdenes" que abundan en esas fiestas echan a perder el sentido de las festividades católicas (CEC, 1953,p.196), contra el "cine malo", que al exaltar "los vicios y pecados contra cualquiera de los diez mandamientos", es "causa de tantos desastres sociales" (CEC,1948, p.136); contra la "mala prensa, ya impía, ya inmoral" que, como "frente envenenada", atenta contra "la religión católica y las buenas costumbres", propagando el "llamado volterianismo", el comunismo, así como todo tipo de ideas subversivas y obscenas (CEC, 1948,pp. 285-288).

La Pastoral de 1927 ilustra muy claramente el estado de ánimo del clero ante el clima de "relajamiento" moral que se propaga en ese entonces por toda la sociedad: "... no podemos ocultaros los temores que abrigan nuestros corazones de que nuestra sociedad vaya poco a poco retrocediendo al paganismo. Mirad si no cómo la cenagosa o la de sensualidad va invadiendo hasta los hogares cristianos, en muchos de los cuales ya no se habla sino de fiestas mundanas, de diversiones frívolas y peligrosas, y no se piensa sino en el placer, la vanidad y el lujo. Mirad cómo la pagana costumbre, antes desconocida entre nosotros, de los carnavales, va invadiendo ciudades populosas y aparatados pueblos, dando ocasión a escándalos sin número y a vergonzosos excesos que se convierten muchas veces en públicas orgías.

Mirad cómo la mujer se va olvidando de su alto oficio de reina del hogar, y despojándose de la pudorosa dignidad con que la que rodeó la ley de Cristo se convierte, con la inmodestia de sus vestidos, de sus palabras y de sus modales, en aliciente de las más bajas pasiones. Mirad cómo cunde por doquier, pero especialmente entre las altas clases de la sociedad, el ansia de riquezas, que lleva a los individuos a olvidarse de todo noble ideal y a prosternarse ante el becerro de oro. Mirad cómo, so capa de interés por la clase que llaman proletaria, hombres sin fe y enemigos del trabajo honrado se dan a la tarea de engañar a los obreros con falsas promesas para arrebatarles su fe y someterlos mejor a sus planes egoístas y bastardos" (CEC, 1927, p.377).

Para frenar esta "decadencia moral", de comités de censura que, con "criterio cristiano", se encarguen de velar, con el apoyo del gobierno, por las buenas costumbres. Dentro de ese contexto en el que las costumbres tienden a "degradarse", la mujer también es objeto de particular atención por parte del clero.


Tomado de Tiempos del Mundo.
Abril de 2000