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Petrobrás: Un escándalo que hace temblar al Brasil

Petrobrás, la mayor empresa de América latina, y una de las más grandes del mundo, es como un Titanic a punto de naufragar.

En medio del mayor escándalo político y financiero de toda la historia del Brasil, cada día que pasa se descubren nuevos episodios de corrupción, que amenazan llevar a este moloch empresarial a la ruina. Y simultáneamente, derrocar a la presidenta del País, conducir a la cárcel a una buena parte de los funcionarios más importantes de la empresa petrolera, a los más prestigiosos empresarios del Brasil, al igual que a los más eminentes políticos.

Todo comenzó en el 2002 con la llegada a la presidencia de Brasil del sindicalista Lula da Silva, quien permaneció en el cargo por dos periodos hasta el 2010. Su jefe de gabinete y hombre de confianza, José Dirceu, comenzó el saqueo de Petrobrás y de otras grandes empresas públicas, destinando partidas secretas multimillonarias para financiar a los partidos aliados del gobierno y a los candidatos de esos partidos en sus campañas electorales.

Fue toda una danza de centenas de millones de dólares, que se descubrió hacia el año 2005, y cuyas investigaciones aún no terminan. El ministro Dirceu fue destituido de su cargo, juzgado y condenado a 10 años de cárcel, en medio de un escándalo conocido como mensalao, expresión popular que hace referencia a los pagos mensuales que hacía a una cantidad enorme de funcionarios y políticos, por cuenta de varias empresas estatales, para comprar favores y conseguir alianzas políticas.

Pero eso fue apenas la punta del iceberg. El año pasado se descubrió una trama mucho mayor, ante la cual la anterior resulta insignificante. A lo largo de muchos años, importantes funcionarios del Gobierno brasileño y los principales dignatarios de la empresa petrolera, se unieron en un verdadero cartel mafioso y criminal para desfalcar a Petrobrás.

Una cantidad enorme de negocios se hacían pagando sobornos escandalosos. De esta forma, los contratos de construcción de oleoductos, refinerías, grandes desarrollos industriales relacionados con el petróleo, obras civiles de gran envergadura, suministros, etc., se hacían con las mayores empresas privadas del país, pero a cambio de truculentos sobornos y comisiones, que se repartían generosamente entre funcionarios de la petrolera y políticos relacionados con el funcionamiento de la misma. Como consecuencia de las primeras investigaciones, unos 50 congresistas están señalados de estar involucrados en la recepción de sobornos, incluidos los presidentes del senado y la cámara de diputados.

Para tener una idea del monto de los dineros comprometidos en estos negocios, vale la pena recordar que la sola deuda de Petrobrás en la actualidad es de 90 mil millones de dólares, lo cual equivale al doble de la deuda externa del sector público de Colombia. La empresa produce casi dos millones de barriles de petróleo por día, maneja una red nacional de más de 7.000 estaciones de servicio, es dueña de toda la red de oleoductos de este inmenso país, y posee el monopolio de la industria petroquímica brasilera.

Entonces: ¿a cuánto pueden ascender los negocios deshonestos que se han hecho en esta inmensa red de corrupción? Nadie lo sabe, pero las autoridades lo están averiguando en medio de un estado de indignación y de rabia de toda la población del país.

Pero eso no es todo. La tormenta se ha abatido sobre la presidenta del país, Dilma Roussef, quien acaba de ganar las elecciones para un segundo mandato presidencial, con apenas el 51% de los votos, contra 49% de su opositor. Acontece que durante todo el gobierno de Lula da Silva, ella tuvo la dirección de Petrobrás. Primero como Ministra de Energía, lo cual la hace responsable por la presidencia del Consejo de Administración de Petrobrás, y luego como Ministra de la Casa Civil, en reemplazo de Dirceu, cuando éste fue destituido por los oscuros manejos del gobierno socialista de Lula.

Y la actual Presidenta ahora es acusada de encubrir y proteger a los desfalcadores cuando era ministra, en el gobierno de Lula. Y cada vez son más radicales las voces que piden su renuncia inmediata y que se investigue su proceder. ¿Hasta dónde llegará esto? Nadie lo sabe. Pero, sobre todo, nadie se atreve a pronosticar lo que va a suceder.

Sin embargo, a toda esta novela se le ha sumado otro factor fundamental, que contribuye a hacer del caso Petrobrás la “tormenta perfecta”. Como el precio del petróleo ha bajado en picada en el mundo, en este momento está en la mitad de su valor promedio de los últimos 10 años. Es decir, bajó de 100 dólares el barril a menos de 50 dólares, lo cual quiere decir que los ingresos de la empresa relacionados con la exportación y producción de petróleo crudo se han reducido a la mitad.

En esas condiciones, no hay forma de pagar la inmensa deuda, ni de explorar nuevos proyectos, ni de mantener sus enormes gastos. Petrobrás, como gigante con pies de barro, amenaza derrumbarse como un castillo de naipes, arrastrando atrás de sí a casi toda la economía de Brasil. Su valor en bolsa ha disminuido unas 10 veces, de tal forma que sus acciones son consideradas casi basura. No valen nada. Y en medio del escándalo, todos los días valen aún menos.

Este es el precio que deben pagar los brasileños ante la llegada al poder del llamado socialismo del siglo XXI, dentro del cual sólo caben la corrupción y el despilfarro, grandes males que también afectan a Venezuela y a Argentina. Pero también a los socialistas europeos, que llevaron a Portugal, a España y a Grecia al mismo abismo al cual también están llegando Brasil y Petrobrás.