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El terrorismo se transforma: desde el fondo de las selvas al corazón del Poder

Bajo los auspicios del Gobierno en su convergencia con las FARC

El terrorismo se transforma: desde el fondo de las selvas al corazón del Poder

 

 

       Con gran alarde, el Gobierno, las FARC y algunos sectores de opinión nacional e internacional celebran el próximo fin del conflicto con la guerrilla, como supuesto fruto del Proceso de Paz, pero no consiguen convencer al País de que esto es una realidad y no una quimera.

         En efecto, son tantas las perplejidades, omisiones y contradicciones que emergen del secreto que rodea estos acuerdos, que se hace forzoso preguntar al Gobierno cuál es la verdad total de lo pactado. Y también, cuáles son las razones misteriosas para no darlo a conocer íntegramente a la opinión pública, como si las facultades del Presidente fuesen omnímodas y todos los colombianos fuesen menores de edad.

        La Sociedad Colombiana Tradición y Acción y el Centro Cultural Cruzada se dirigen al País con el fin de proclamar la urgente necesidad de que todos los acuerdos pactados entre el Gobierno y las FARC sean conocidos y debatidos a plena luz del día, y no en las sombras, ni en el exterior, ni en secreto, como se ha venido haciendo desde el comienzo.

      Todo indica que, al amparo de ese secreto, se maquina una gran claudicación del Estado colombiano ante las pretensiones inaceptables y crecientes de la narco-guerrilla, y es claro que se prepara la impunidad para quienes durante medio siglo cometieron toda especie de crímenes y perpetraron las más graves violaciones de los Derechos Humanos.

 ¿Por qué esconderle al País cuáles son las concesiones a las FARC? Por la muy sencilla razón de que la inmensa mayoría de los colombianos rechazaría esos acuerdos si conociera su contenido.

      Por eso es cada vez menor el número de los que se sienten interpretados por el Presidente de la República, al punto que sus niveles de desaprobación son enormes, entre otras razones porque lo anunciado al comienzo del Proceso de Paz no corresponde a lo que se va a firmar al final de éste, defraudando la promesa al País de hacer una consulta nacional seria, para refrendar los acuerdos. Es decir, que la Nación se pronuncie, no sólo sobre el conjunto de lo que se está negociando, sino sobre cada uno de sus aspectos importantes.

      Así, se prepara un pseudo plebiscito con una pregunta global y equívoca, ante la cual el votante responderá si desea la paz o no, con la que se intentará confundir a una parte de la opinión nacional para que acepte condiciones que ella jamás aprobaría si no se usase ese engaño. Y se establece, violando con cinismo los principios más elementales de una consulta popular, que con la aprobación de tan sólo el 13% del censo electoral el plebiscito será legítimo, cualesquiera sean las objeciones del resto del País.

       En las trágicas circunstancias en que el País se encuentra, porque se maquina la entrega de Colombia a su enemigo mortal, es preciso exigir claridad total sobre los siguientes puntos de los acuerdos ya firmados, pues lo contrario significaría su nulidad:

 

1 - Impunidad para las FARC

 

      Como están concebidos los acuerdos, a juzgar por las declaraciones de los representantes del Gobierno y de la guerrilla, tendremos una vez más la aberración jurídica y moral de ver a los guerrilleros libres y a los defensores de la Nación en la cárcel, tal como sucedió con el sangriento asalto del M-19 al Palacio de Justicia y su heroico rescate por parte del Ejército Nacional.

       Según las exigencias de las FARC, sus crímenes quedarán sin castigo alguno. Se habla de penas alternativas, pero sin ningún tipo de prisión efectiva, y se pretende substituir a ésta por la permanencia de los guerrilleros culpables en los mismos territorios que asolaron durante décadas, en una supuesta “libertad vigilada”, que no se sabe bien qué significa.

      En verdad, los guerrilleros falsamente pacificados no serán vigilados por guardias del Estado, sino que se transformarán en vigilantes, y en el fondo carceleros y aún torturadores de la población campesina que fue durante décadas su principal víctima y que así quedaría sometida a ellos por plazo más o menos indefinido.

      Además, algunos de los eventuales jueces, integrantes de desconocidos organismos nacionales e internacionales, serán escogidos por los mismos criminales, lo cual hará de la justicia una cruel y nefasta farsa. Y también se le concederá a la subversión el derecho de juzgar -o exigir que se juzgue, que al fin es casi lo mismo- a todos aquellos que de alguna manera se hayan opuesto a sus intenciones y actos delictivos.

 

2 - Legalización del narcotráfico y del lavado de activos ilícitos

 

        El Estado no podrá confiscar a las FARC el dinero obtenido por medios criminales como el narcotráfico, los asaltos, extorsiones y secuestros, ni la guerrilla será obligada a indemnizar de forma alguna a los cientos de miles de víctimas que produjo. Simplemente esas enormes fortunas ilegales, ocultas hasta ahora, pasarán a ser el elemento clave del poder guerrillero para impulsar su acción en la política futura y dominar el País.

       Si hace poco más de veinte años algunos millones de dólares del narcotráfico fueron claves para una elección presidencial, no es difícil calcular cuánto logrará la guerrilla con centenas o miles de millones de dólares para establecer la esclavización de Colombia.

 

3 - Las FARC no entregarán las armas

 

      El gobierno dice que las FARC entregarán las armas, pero los jefes guerrilleros han dicho en todos los tonos posibles que no las entregarán. ¿A quién creer, si las posiciones son diametralmente opuestas? Lo que han dicho las FARC es que harán “dejación” de ellas, lo que es diferente. Es decir, las conservarán con actitud de amenaza y las volverán a usar cuando les plazca y casi nadie lo denunciará o evitará…

 

4 - Se pretende desarmar y reducir al Ejército

 

         Como no se puede hacer política con armas, la guerrilla acusa al Ejército Nacional de intervenir en política, por lo que exige el desarme de las Fuerzas Armadas. Así, tratará de impedir la eficiente y aplaudida defensa de la Nación desarrollada por la institución más querida por los colombianos y tanto el Ejército y la subversión harán “dejación” de sus armas, lo que equiparará al delito sanguinario con la defensa del orden legal y a los enemigos de la Patria con sus defensores abnegados.

 

5 – Se ofrece a los guerrilleros llegar al Congreso

 

      Los líderes de las FARC llegarán al Congreso de la República, no por voto popular, como exige la Constitución, sino por concesión del Estado. Éste será el modelo de pseudo democracia, para lo cual exigen todas las reformas posibles a la Carta, que transformarán el orden jurídico del País. Su “castigo” por los crímenes cometidos durante 50 años será formar parte del Congreso, legislar para dominar a quienes han sido respetuosos del Estado de Derecho y lograr la elección de sus candidatos para alcaldías y gobernaciones.

       Es tan absurda esta exigencia que, en las recientes elecciones municipales en más de mil municipios de Colombia, no fue elegido ningún alcalde que sea proclive a las FARC, ni tampoco ningún gobernador, por la sencilla razón de que nadie los quiere como gobernantes. Y éste es el motivo por el cual desean conservar las armas: para, a lo largo de la vida cotidiana, ir gradualmente tomándose el poder por la fuerza, con agresiones y amenazas, pues jamás podrán hacerlo por las vías legales.

 

6 – No reconocen ni aceptan reparar a las víctimas

 

       Las FARC cometieron incontables crímenes contra la población civil y quieren que estos hechos sean ignorados con el pretexto del fin del conflicto. Entre las víctimas están los miles de secuestrados, los menores de edad que ella reclutó a la fuerza o por medio del engaño –muchos de ellos muertos después en combate– y las mujeres que fueron sometidas a brutales abusos sexuales por la tropa subversiva y que inclusive fueron forzadas a abortar.

 

¿Será ésta la paz que queremos todos los colombianos?

 

      Sin duda, la inmensa mayoría de Colombia no está de acuerdo con estas propuestas y hará todo lo posible para impedir que este demoledor fraude político se consume en nuestra Patria. Y esa es la principal razón por la cual se le oculta al País la verdad sobre los acuerdos.

        La paz verdadera, la paz auténtica, la paz que queremos todos los colombianos, no es el fruto de una componenda, sino la Paz de Cristo en el Reino de Cristo. Es, como lo enseñan la Ley de Dios y la Ley Natural, la tranquilidad en el orden.

       Jamás habrá paz verdadera si quienes cometieron tantos crímenes, ahora se presentan como adalides de una falsa paz y la imponen con la ayuda de autoridades complacientes, negando y burlando el valor de la Constitución y de las leyes. El País sería así lanzado en lo que se podría llamar la “paz marxista”, copia de lo que fue durante más de 70 años la “pax soviética”, en la cual se negaron y eliminaron todos los derechos de la Sociedad y de las personas, en nombre de la justicia, de la libertad y de la paz mal entendidas, para concentrarlas ilegítimamente en las manos de la tiranía roja.

       Para esto, los conceptos verdaderos de la paz y del diálogo fueron desvirtuados en sus significados por el marxismo para convertirlos en términos talismánicos, nunca definidos, pero utilizados a todo propósito en un gigantesco y burdo engaño, como lo demuestra la obra Transbordo Ideológico Inadvertido y Diálogo del insigne pensador católico Plinio Corrêa de Oliveira. De este modo, confiar en este proceso equivale a dar la victoria a la guerrilla en la conquista de Colombia, ya no principalmente por la violencia de las armas, sino por el engaño.

       Este proceso será muy parecido al sufrido en los años recientes por nuestra vecina Venezuela, que, con la expansión galopante de la miseria y la implantación acelerada de la dictadura del proletariado impulsadas por el régimen chavista, creía estar siendo “liberada” de las injusticias sociales hasta que llegó a un paso del comunismo. En Colombia, los guerrilleros tomarán el lugar de las brigadas bolivarianas y los políticos condescendientes se transformarán en lo que los marxistas llaman despectivamente “idiotas útiles”, para juntos doblegar al País.

     Así, lo que se hace con esta gran mentira, es empujar a Colombia hacia el abismo, mientras nuestros gobernantes insisten en que vamos rumbo al paraíso de la paz.

    Ante este panorama de innegable gravedad, queremos que el País despierte de tan lamentable letargo. A todos los que ven con angustia y preocupación el rumbo por el que se nos está llevando, les pedimos que abran los ojos, que despierten, que rompan la hipnosis en que se les puso y se pronuncien y manifiesten de una forma legal, pero incisiva. Y que de ningún modo acepten que 45 millones de personas sean derrotadas por una minoría subversiva y terrorista, que proclama ante el mundo una victoria que nunca obtuvo y que quiere imponer sus condiciones a todo la Nación.

     El único modo de evitar esto es exigiendo que sea dicha la verdad. Y cuando ésta sea conocida y Colombia sepa con claridad a dónde es conducida sin saberlo ni quererlo, las tinieblas comenzarán a disiparse y nuestra Nación encontrará su verdadero rumbo, que le dará la grandeza y la paz auténtica que todos los colombianos de bien ansiamos para ella.

 

Los comentarios del Papa no significanobligación de aprobar este proceso

 

     A lo anterior debemos agregar que hay un aspecto de la actitud del Presidente Santos que es especialmente deplorable: que manipule, deforme e instrumentalice las opiniones del Sumo Pontífice, con transmisiones continuas por radio y televisión de partes de sus discursos, en que trató de los diálogos para la paz. Así procura inducir a la población católica a que acepte a ojos cerrados las concesiones a la guerrilla que son injustas, ilegales y demoledoras, además de enormemente peligrosas.

    Una cosa es que la paz sea deseable, como lo señaló el Papa, y otra muy distinta es que se la quiera alcanzar con claudicaciones que ni siquiera se tiene el valor de declarar. En esas condiciones, un eventual consentimiento nacional carecería de toda legitimidad y su eficacia se limitaría al efecto de una construcción de malentendidos, engaños y falsas promesas.

     Sobre esto es preciso decir con veneración por el Santo Padre que no está entre sus facultades presionar u ordenar a la población católica a que acepte en materia temporal actos de gobierno ni acuerdos políticos que lesionen o pongan en grave riesgo derechos fundamentales de gran parte de la población. Y menos aún si esto se basa en la palabra de un sector que la ha violado de modo continuo y sin el menor escrúpulo. Para Marx la moral consistía sólo en las conveniencias de la Revolución comunista, a la cual todo debe ser sacrificado, lo que confirma la sangrienta historia del comunismo por más de un siglo y medio.

     Por lo demás, el Sumo Pontífice dejó en claro, al referirse públicamente en Cuba a las negociaciones que allí se realizan, que obviamente desea la paz, pero que aún hay numerosos aspectos que es preciso resolver, entre los cuales están la reparación a las víctimas y la exclusión de la impunidad en los delitos de lesa humanidad.

    Ante nuestra Patrona, la Santísima Virgen de Chiquinquirá, afirmamos con una certeza que estamos seguros es compartida por la inmensa mayoría de los colombianos, que la verdadera paz, el auténtico progreso y el efectivo espíritu de grandeza que han iluminado la historia de Colombia, no pueden ser abandonados para que nos sometamos a las imposiciones de quienes han destruido a la Patria, en asocio con quienes mal la gobiernan.

 

 

Bogotá, 16 de Enero de 2016.

Sociedad Colombiana Tradición y Acción