Que todos los hogares colombianos estén consagrados al Sagrado Corazón de Jesús!

La Sociedad Colombiana Tradición y Acción viene adelantando una gran campaña de difusión de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Nuestra Patria fue consagrada al Corazón de Jesús en el año 1.902, al término de la Guerra de los Mil Días.

Desde ese entonces, todos los Presidentes de la República renovaron la consagración, en unión a las autoridades eclesiásticas, durante 92 años.

Lamentablemente esa Consagración fue suprimida por la Corte Constitucional en 1.994. A pesar de ello, y para reafirmar nuestra Fe y nuestra devoción, queremos que en cada hogar Colombiano esté presente la figura patriarcal de Nuestro Señor, para que nos ayude y nos proteja en todos los peligros que enfrentamos a diario.

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Inicio de una gran campaña de Tradición y Acción:

La devoción al Sagrado Corazón de Jesús

¿Por qué inició la Sociedad Colombiana Tradición y Acción una campaña de difusión del culto al Sagrado Corazón de Jesús? Obviamente, el deseo de que la Nación entera se impregne de él y de ahí se sigan los más benéficos efectos para todo el País.

La estela luminosa que dejó durante tres siglos esa devoción, junto con las gracias que ella significó para toda la Humanidad y la gloria que trajo para la Iglesia y la Cristiandad, ayudará a entender cuánto pueden esperar de ellas, en nuestros días, los católicos colombianos.

Hace más de tres siglos comenzó el torrente de gracias del Sagrado Corazón de Jesús

Las apariciones del Sagrado Corazón a Santa Margarita María Alacoque en 1.673, suscitaron un movimiento inmenso de piedad a Él.

Nuestro Señor deseaba que el Rey de Francia, Luis XIV, se declarase su súbdito y estampase su figura en el Estandarte Real. Que se estableciese su Reino efectivo sobre la Nación Primogénita, o sea, que ésta declarase su Fe católica, cumpliese de modo cabal los preceptos del Decálogo y expresase oficialmente su militancia. Que la sociedad ayudase a la salvación y santificación de las almas y que en esto Francia fuese un ejemplo para todas las naciones católicas, en la consecución efectiva del Reino de Cristo. Lamentablemente, casi ninguno de estos pedidos fue atendido.

La Consagración fue un factor de protección para Colombia durante el siglo XX

Sin embargo, a medida que la crisis arreció en las décadas y siglos siguientes, otras naciones y muchas instituciones comprendieron que debían hacer la Consagración al Sagrado Corazón de Jesús. Bajo el influjo sobrenatural de esa devoción, a menudo en medio de grandes crisis, luchas o calamidades, esas naciones encontraron en la Consagración a Él una fuente de gracias y socorros de gran importancia.

Entre esos países, Colombia tuvo la gloria de ser consagrada al Sagrado Corazón y de permanecer como tal durante gran parte del siglo XX, durante el cual se curaron muchas heridas y males que se produjeron a lo largo del siglo XIX, por causa del laicismo dominante y de los los feroces ataques de éste a la Santa Iglesia.

Los cruentos conflictos del siglo XIX y del inicio del siglo XX concluyeron en 1903, año en que se consagró el País al Sagrado Corazón, abriendo un período tranquilo y fecundo, pese a que constantemente se manifestaba el odio de los laicistas a la Iglesia y a los fieles, pugnando por reencender los conflictos.

Obviamente, la Consagración no podía dejar indiferentes a los promotores de la impiedad, que la atacaron en forma sistemática, porque deseaban instaurar un Estado laicista y amoral, reducto de manifiesta hostilidad a todo lo católico, cuando no promotor de las peores aberraciones en materia de costumbres, educación, indiferentismo religioso, etc.

La anulación de la Consagración, una victoria de los impíos y un germen de calamidades

Esto culminó cuando, hace poco más de una década, se redactó la Constitución actual, mientras se lanzaba a Colombia en un torbellino demoledor. Se impuso así el deseo de los sectores laicistas y socialistas, que siempre han pugnado porque el Estado prescinda por entero de la Religión, para que ésta sea reducida al fuero interior de las conciencias y así pierda una gran parte de su fuerza en la vida pública.

La Consagración fue declarada incompatible con la Carta Fundamental y por tanto anulada, para regocijo, no sólo de laicistas y socialistas, sino también de numerosas sectas que pululan en las periferias urbanas, donde multitudes vegetan en la miseria, sin verdaderos líderes ni orientadores, hundiéndose bajo la influencia neopagana contemporánea.

No extrañan, pues, las catástrofes que desde entonces sacudieron al País durante toda una década y la consiguiente postración en que cayó, habiendo renunciado el Estado, desde su cúpula, a la protección del Salvador y expresado los poderes públicos su determinación de que la Nación dejase de profesar su militancia católica.

No obstante, la Divina Providencia suscita misericordiosamente una reacción

Pues bien, la crisis de Colombia en los años que siguieron llegó a un auge gravísimo. Pero, por una misericordia de Dios, empezó a producirse en la opinión nacional una fuerte reacción, que pedía un gobierno enérgico y recto, una administración honesta, una gran severidad en perseguir y castigar el crimen y una verdadera administración de justicia. En suma, una auténtica y vigorosa reconstrucción nacional, en los aspectos jurídico, moral, político y aún religioso.

Ante la fuerza de esa reacción, los fautores de la demolición actuaron de forma diversa. Algunos se eclipsaron, dentro o fuera de nuestras fronteras, hasta que el clima moral se entibie nuevamente. Otros se adaptaron a las circunstancias del momento, plegándose durante algún tiempo a la reacción, para beneficiarse de ella, pero también para desviarla. Los profesionales del crimen disminuyeron la intensidad de sus fechorías, refugiándose en países vecinos o en nuestras selvas, a la espera de que el País olvide un poco la postración en que lo dejaron. Y algunos persitieron en promover la concordia entre la luz y las tinieblas, a costa naturalmente que la primera renuncie a su esplendor, con lo que las últimas se volverían dominantes.

El Sagrado Corazón de Jesús tiene sobre Colombia designios de salvación

En esas circunstancias, el deseo de gran parte de la opinión colombiana es que el País continúe firme el proceso recién iniciado de su rescate definitivo para el imperio de la Ley Moral. Esto debe ser, no sólo ferviente, sino también de largo aliento, pues prácticas políticas nefastas que se arrastraron durante décadas piden una acción perseverante y enérgica para que sean corregidas.

Ahora bien, así como el hombre que desea practicar la virtud precisa de la ayuda de Dios para conseguirlo duraderamente, así también la Nación requiere de esa ayuda en forma imperiosa, y para recibirla debe pedirla sin cesar, con ánimo de obtener una plena restauración del carácter católico de la Patria. Y para esto la revigorización de la devoción al Sagrado Corazón será de una eficacia incomparable.

Hace seis décadas, un llamado memorable que aún resuena

Hace seis décadas, el gran líder católico brasileño Plinio Corrêa de Oliveira señalaba la importancia de las devociones al Sagrado Corazón de Jesús y al Inmaculado Corazón de María: "Hacer apostolado es, esencialmente, salvar almas. A los que se interesan por el apostolado, nada debe importar más que el conocimiento de las devociones providenciales con que el Espíritu Santo enriquece a la Santa Iglesia en cada época, para la utilidad de las almas.El Sumo Pontífice actualmente reinante [Pío XII] señala dos devociones: la del Sagrado Corazón de Jesús, la del Corazón Inmaculado de María".

"Apareciendo en Fátima, Nuestra Señora dijo textualmente a los pastorcitos que una intensa devoción al Corazón Inmaculado de María sería el medio de salvación del mundo contemporáneo. Milagros sin cuenta han atestiguado la autenticidad del mensaje celestial. No nos resta sino conformarnos al dictamen que de ello se sigue. Si ésa es la salvación del mundo, si queremos salvar el mundo, prediquemos el medio providencial para su salvación. En el día en que tuviéremos legiones de personas verdaderamente devotas del Corazón Inmaculado de María, el Corazón de Jesús reinará sobre el mundo entero. En efecto, esas dos devociones no se pueden separar. La devoción a María Santísima es la atmósfera propia de la devoción a Nuestro Señor. El verano trae las flores y los frutos. La devoción a Nuestra Señora genera como fruto necesario el amor sin reservas a Nuestro Señor Jesucristo. Y en el día en que el mundo entero vuelva a Jesús por María, el mundo estará salvado" ("Legionario", 30-IV-1944).

Con el alma puesta en los designios de Dios misericordiosamente manifestados a los hombres, con una plena confianza en su ayuda y en su Triunfo, gracias a la mediación de la Santísima Virgen, debemos luchar para que ambas devociones se expandan por el País, para que éste recobre su identidad católica.